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García Chico, un gigante en Barcelona’92


18/07/2022 a las 08:00

CEST


El barcelonés se fijó como una obsesión subir al podio en salto con pértiga y se colgó un bronce histórico con 5,75 metros

“Cuando falló Bubka sentí un alegrón enorme, no te voy a mentir. Ahí ya supe que tenía medalla”, explica García Chico a SPORT

El barcelonés Javier García Chico (22 de julio de 1966) destacaba en el balonmano y en la longitud. Por fin en 1983 llegó su debut en un campeonato de España Juvenil… pero su membership se equivocó y lo inscribió en salto con pértiga. ¡Bendito error!

“Tenía 16 años y apenas había hecho pértiga, pero gané. Llegué con 3,90 metros y salté 4,20. Yo entrenaba solo en el CN Montjuïc hasta que me vio Hans Ruf y me fui al Serrahima con él. También llevaba a Alberto Ruiz y a Roger Oriol. Ahí dejé la longitud y me centré en la pértiga”, explica con sencillez en las pistas del Membership Atletismo Cordobés, donde intenta sacar talentos tras pasar 15 años al cargo de los saltos y la velocidad en el CAR de Soria. 

Ruf y el ‘Lobito’

Padre del exjugador de baloncesto Carles Ruf, Hans ha sido clave para García Chico. “Pasé toda mi carrera con él, aunque antes tuve a gente muy buena como Rafael Martín Acero. Después Hans que me sacó y es el que me hizo saltar tanto. Es el único español que ha tenido a cinco tíos por encima de 5,50. Tenía sus cosas como todos, pero nadie se ha acercado a esos logros”, recuerda.

Otra figura importante en la carrera del medallista en Barcelona fue el citado Alberto Ruiz, jefe de prensa de la Federació Catalana y entrenador en el CAR Sant Cugat. Olímpico en 1984 y 12 veces campeón nacional, el ‘Lobito’ fue su predecesor.

García Chico, con la mascota Cobi

| VALENTÍ ENRICH

“Las pértigas costaban más de 150.000 pesetas (unos 900 euros). La Federación compraba algunas, pero yo tuve la suerte de que iba detrás de Alberto y heredaba las que él soltaba. Cuando salté 5,60 ya me las empezaron a comprar. Pese a la rivalidad siempre nos hemos llevado muy bien. Nada más ser bronce me felicitó y a mí me supo deadly que él no pudiese ser finalista”, comenta sobre la ultimate de Barcelona 92 un atleta que bajaba de 11 en 100 lisos y llegó a 7,40 en longitud.

Su gran reto

Después de debutar como internacional absoluto con tres nulos en 1986 el Europeo de Stuttgart, semanas después fue plata en los Iberoamericanos con 5,20 metros, precisamente la misma marca que dio el oro a Ruiz.

Juan Antonio Samaranch anunció ese octubre que Barcelona acogería los Juegos de 1992, algo que marcó su carrera de manera decisiva. “Ese mismo día ya tuve claro que iba a conseguir una medalla seis años después. Y eso que no tenía claro lo que eran unos Juegos. De hecho, había visto por la tele los de Los Ángeles con mi entrenador (Alberto Ruiz fue 9º)”, señala con seguridad.

García Chico rebobinó sus recuerdos 30 años atrás

| VALENTÍ ENRICH

García Chico fue acumulando experiencia y medallas. A una nueva plata iberoamericana en 1988 y al bronce en la Universiada de 1999 (estudiaba Química) siguieron la octava plaza en el Mundial bajo techo de Budapest’89, la sexta en el Europeo bajo techo de Glasgow y la quinta en el de aire libre de Break up (ambos en 1990). “Ahí me quedé a cinco centímetros del bronce”, recalca con cierto pesar.

Normalidad y … ¡Bubka!

El barcelonés sabía que el 7 de agosto de 1992 sería su gran día. “¡Es que lo tenía clarísimo! Estoy un poco zumbado, pero iba a estar en mi marca y sabía que con 5,75 bastaría para subir al podio. Eso sí, tenía claro que ganaría Bubka y me equivoqué… como todo el mundo”, admite.

Sin embargo, en un 1991 horrible fue séptimo en el Mundial de Sevilla y ahí tuvo dudas. “Me lesioné un codo y el médico me dijo que no podría estirar el brazo, pero soy muy cabezón y lo logré. Fui a Sevilla porque estaba allí mi fisio (un emblema como Miquel Àngel Cos) y no quería perder sesiones”. Al ultimate se recuperó y fue décimo en el Europeo Indoor de 1992 “porque estaba mejor de lo que creía y me equivoqué de pértiga”.

García Chico no quería que nada alterase su preparación y pidió a la Federación no vivir en la Vila Olímpica y quedarse en el pido que compartía con Gustavo Adolfo Bécquer (11ª en Barcelona’92 en salto de altura con 2,28). “En la clasificación hizo mucho viento y sufrimos todos, así que hablamos y pasamos 13 a la ultimate. Yo seguía haciendo lo mismo, ¿eh? Mi vida regular. De hecho, la noche antes de la ultimate me tomé una cerveza con mis amigos en una terracita. Por la mañana me levanté y me fui a la pista. No cambié nada”, comenta con gran naturalidad.

García Chico, con la bandera en los Juegos de Barcelona

| EFE

El momento clave de la ultimate llegó cuando el gran favorito Serguei Bubka (CEI) hizo dos nulos sobre 5,70 y uno sobre 5,75. “Ahí ya supe que la medalla period mía y sentí un alegrón enorme. Te mentiría si digo lo contrario. La pena es que tuve el bronce con 5,75 y creo que habría saltado 5,80 si lo hubiese necesitado. Tuve la satisfacción de cumplir el único objetivo que me he puesto en serio de verdad”, recalca.

Cierta relajación

Salvo un bronce en 1998 en los Iberoamericanos, García Chico no volvió a subir a un podio internacional pese a que fue finalista en dos Mundiales bajo techo (7º en 1995 en Barcelona y 5º en 1997 en París) además de quinto también en pista cubierta en 1998 en los Europeos de Valencia. 

“Quizá después me faltaron un poco esas ganas y esa enorme ilusión que tuve en el 1992. Ahora siento nostalgia de todos aquellos años, porque period una vida muy bonita. Y eso que yo ahora soy feliz, pero firmaría mañana que se repitiese todo”, concluye.

Un enorme salto de bronce a la segunda

Javier García Chico llegó a los Juegos de Barcelona en el mejor momento de su carrera. Con 26 años recién cumplidos, había saltado meses atrás 5,77 metros en Grenoble en lo que fue su 14ª récord de España.

El 5 de agosto se pedían 5,60 para acceder a la ultimate, pero el fuerte viento complicó mucho la vida a los saltadores. Él y Alberto Ruiz saltaron a la segunda 5,50 y 5,55. Al igual que en la ultimate de altura de Tokio 2020 entre Tamberi y Barshim, hubo fumata blanca al aceptar la organización que pasasen 13.

Javier García Chico fue bronce en Barcelona en salto con pértiga

| VALENTÍ ENRICH

Dos días después, García Chico saltó a la primera 5,40, 5,60 y 5,70, algo que solo lograron el estadounidense Kory Tarpering y los rusos (bandera de la CEI) Maksim Tarasov e Igor Trandenkov mientras que Ruiz había caído en 5,50 y Bubka se dejó el tercer intento para 5,75 tras fallar dos veces sobre 5,70.

El ‘Zar’ falló y el catalán se aseguró una medalla al superar los 5,75 a la segunda y ver cómo Tarpering lo hacía a la tercera y no podía con 5,80. El oro fue para Tarasov (5,80) y la plata con la misma marca para Trandenkov (arrebató a la tercera la plata a García Chico). Fue el éxito más grande de la pértiga española.

¿Los mejores Juegos de la historia?

“En mi opinión sí y veréis por qué. Yo considero que Barcelona supuso un cambio de paradigma en cuanto a lo que son los Juegos Olímpicos. Pasaron de ser un campeonato entre comillas del mundo a convertirse en un acto extraordinario no solo de deportistas, sino también cultural, mediático… fueron otros Juegos. A partir de Barcelona, la mayoría de Juegos han ido copiando cosas que ya se hicieron allí, lo que quiere decir que fueron el referente de lo que son los Juegos Olímpicos”, explica García Chico.

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